Movimiento y fuerza

La alimentación protege el músculo. El movimiento es lo que le da al cuerpo una razón para conservarlo.
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Comer suficiente proteína le da al cuerpo el material. El ejercicio de fuerza le da el motivo. Sin ese estímulo, el organismo no tiene razón para sostener un tejido que consume energía y no está usando.

Dos o tres veces por semana alcanza

No hace falta gimnasio, ni equipamiento, ni sesiones largas. Bandas elásticas, el propio peso del cuerpo o botellas con agua cumplen perfectamente. Lo que importa es la constancia y que el esfuerzo sea real: los últimos movimientos de cada serie deberían costar.

  • Sentadillas, aunque sea apoyándose en una silla.
  • Flexiones, que se pueden hacer contra una pared o sobre las rodillas.
  • Levantar peso desde el suelo, con la espalda derecha.
  • Empujar y traccionar con bandas elásticas.

Una prueba casera: levantarse de una silla cinco veces seguidas sin usar los brazos. Si se puede hacer sin dificultad, la fuerza de las piernas está en buen estado. Si cuesta, vale la pena mencionarlo en la próxima consulta.

Y las caminatas

El trabajo de fuerza conserva el músculo; la actividad aeróbica cuida el corazón y ayuda al gasto energético diario. Las recomendaciones internacionales apuntan a unos 150 minutos semanales, que se reparten sin problema en caminatas de veinte o treinta minutos.

Caminar tiene además una ventaja que no hay que subestimar: es la actividad que más gente sostiene en el tiempo, y sostener es la mitad del asunto.

Vale la pena recordarlo: el músculo que conservás hoy es el metabolismo que vas a tener el año que viene.